ELLA




Todos buscamos, muchas veces sin encontrarnos. Desprendemos olores de ropa recién lavada, de anhelo furtivo... un instante... y todo se desdibuja en los posos del deseo.
Ella hurgaba en su vida en forma de bolso de pana. Aquí el pintalabios del primer beso, allí la inocencia de un pañuelo a punto de usar . Quiero estar guapa, se repite mientras los tacones le cantan que todavía al día le quedan sus quinientas noches. Se agarra a una foto inerte y desde sus ojos de gata vislumbra a Ana. Un abrazo, una caricia de niña que borra cualquier suciedad... Pero vuelven las botas, unas hojas- realidad que se enredan en sus pies, la mirada escrutadora que busca una piel de fiera curtida.

Primera inmersión en el mundo lomo: Al otro lado de la acera


Correr, desaparecer bajo un cielo que se desploma. Mover los pies sin las alas necesarias para saltar al otro lado, donde unos ojos interrogantes son el espejo de un sueño que no llega...

El regalo


Tengo un regalo para ti. Cargado de incompresión y con una tarjeta sin nombre. Envuelto
en sombras del presente e incógnitas todavía no resueltas. Espera allí, al borde de mi
cama. Solitario como nosotros dos. Qué decepción es ver un paquete triste cuando es tan
símbolo de esperanza, de cariño envuelto en papel de celofán. Tus 31 años y mi corazón
que se encoje, que no sabe resolver los rincones del tiempo que han palpado tus manos.
Vuelvo a mirar tu regalo y arrugo los hombros ante un encuentro inminente. Un
contacto forzoso marcado por postic con fecha de caducidad. Mis ojos que miran
invisibles y se escurren rozando pieles sin olor. Una inmensa punzada de hastío se estanca
en mi garganta ¡cómo me asfixia esa bolsa que recoje tu regalo!

LA DANZA DE ROCÍO


Él observaba su danza. Sus pies recorrían las baldosas que ya conocía de memoria. Equilibrios de cristal y pocillos a medio servir. Le hipnotizaba mirarla a escondidas. Cuando lo sabía despistado, justo después de comer. Y ahí empezaba el ritual. Antes de que se diese cuenta ya estaba ella deslizándose en la cocina.

Había intentado adelantarse a ese momento de mil formas. Aumentando el ritmo de masticado, saltándose el postre preferido de ella, incluso disminuyendo paulatinamente la dosis de su comida. Pero el hambre le provocaba mal humor y el mal humor casi un despido. Sin embargo ella, no se sabe como, siempre se las arreglaba para realizar su coreografía de limpieza.

Quizás fue esa una de las cosas que lo enamoró. No el hecho de que se adelantara a sus ojos. Era esa manera de moverse. Invisible pero presente, frescura de agua de manantial. Ella era líquida y en cada paso iba perdiendo una gota de pureza. Él, poseído por su danza, las recogía todas, como perlas de rutina.
Pero como más le gustaba mirarla era en soledad, cuando no se sabía estudiada y realizaba su baile de sirena.

A Rocío y Nacho

La porteria invisible



El balón trazaba una parábola infinita en aquel lugar decorado con la imaginación infantil. En las alturas, una pareja de críos dibujaba jugadas perfectas entre castillos de hormigón y grietas tapadas con masilla, de espaldas en todo momento a los ojos surcados por las estrecheces de la vida. El recorrido de ese balón suspendido en el aire gracias a una patada certera creaba metáforas con la velocidad del viento y deseos efímeros. La esperanza por salir de ese cuadro del destino estaba pintada en los límites de cuatro postes inventados.

Reina



Quiero ser princesa y tachar de mi piel el nombre desconocido. Reina se revuelve en una silla que le traslada al pasado. Cuando usaba pantalones de comunión y todavía quedaba tiempo para la inocencia.

Espacios Minimos


Siempre soñó con sumergirse en unas de esas bolas de cristal donde todo se agita y caen los copos de nieve. Centrifugar las rutinas imposibles en escasos 10 centímetros y hacer equilibrios de funámbulo mientras esquiva los vaivenes del día a día:un viaje de realidad supuesta, un suspiro de tiempo detenido, una guarida con olor a ropa mojada. Creía, tal vez, que así su vida, en 10 meros centímetros, sería mucho más mágica, brillante como un skyline de gran urbe, armónica como una melodía de cine. Dudó, dos veces, antes de abrir la puerta a ese mundo de promesas por cumplir y futuro aguamarina.
Al tercer intento desistió. Todavía no había sido capaz de sacudir su propia claustrofobia.

Derry. Irlanda del Norte.


Lucha. Ojos rasgados de tempestad, de aros sin brillo y gastados por el tiempo. Todo se rompe, se transforma en un papel con cenizas. Caos de lluvia y más lluvia. Y la vida se para, o tal vez se difumina entre las esquinas de ladrillos astillados.